viernes, 5 de septiembre de 2014

Convergencia electoral o convergencia social y política.

No se trata de discutir si galgos o podencos, aquí y ahora nos estamos jugando algo más que decidir cuál es la estrategia política que conviene ya que lo que está en juego no es sólo ocupar un concejalía más o menos o un escaño más o menos, lo que está en juego es el futuro, un futuro marcado por la marginación permanente de una parte de la sociedad que pasará a convertirse en paro estructural, de dos a tres millones de personas o más, con unos servicios públicos cada vez más degradados y cercanos a la beneficencia y unos sueldos, que ya lo son, de los más bajos de Europa o unas pensiones ridículas que van a obligar a la gente a no  poder jubilarse nunca o a contratar un plan de pensiones privado si es que le alcanza para ello.
Las condiciones para una CONVERGENCIA ELECTORAL, la configuración de listas y candidaturas con mayor o menor implicación de la gente, con mayor o menor participación, siempre han estado ahí, en Canarias este tipo de convergencia ha fraguado en coaliciones o plataformas electorales de más bien corto recorrido, por ejemplo el caso de “Canarias verde y roja”.
El esfuerzo a realizar hoy para esta “convergencia electoral” es el de siempre aunque ahora se dan un cúmulo de  circunstancias que la favorecen y que explican el deseo de la gente de que se produzca e incluso el deseo de participar activamente.
Se puede decir que el trabajo está casi hecho, el cansancio por la corrupción, el bipartidismo, la inseguridad creada por las políticas de los gobiernos, los recortes, etc., el descrédito de determinados partidos sumergidos hasta las cejas en escándalos de corrupción que han contaminado la imagen del conjunto de las formaciones políticas y la aparición de una formación política, Podemos, que de la nada se ha colocado en posiciones preferentes en las encuestas con un mensaje que recoge gran parte del descrédito, merecido o no, de las formaciones y partidos del ámbito parlamentario y con una terminología pegadiza, el término “casta” ha hecho historia, una organización, por lo pronto, asamblearia muy cercana a los deseos de la gente de hacerse oír han creado el caldo de cultivo para la proliferación de plataformas estilo Guayem que son la plasmación de la “convergencia electoral” en este contexto.
Cabría plantearse algunas preguntas
¿Es suficiente una “convergencia electoral” cómo estrategia para cambiar la situación?
A todas luces no, la suma matemática de la izquierda no representa un porcentaje suficiente como para que ese cambio pudiera producirse, persiste una bolsa de abstención enorme y sigue derivándose una parte del posible voto de izquierda, por su encaje en la estructura social, a partidos del sistema. Y lo que es más grave cuánto duraría esa convergencia electoral, esa suma de siglas/personas/ movimientos/…sin implosionar por efectos de sus propias rivalidades y contradicciones al no tener detrás una población estructurada y comprometida más allá del proceso electoral que le sirva de sostén a la vez que  de guía y en último extremo de  juez y jurado capaz de corregir y atajar cualquier comportamiento o decisión que no se ajuste a los compromisos adquiridos.



¿Queremos cambiar la situación, queremos cambiar la sociedad?
Una parte de la población parece que si, las encuestas, las protestas así lo indican. Queremos una economía y una política al servicio de los ciudadanos, unos servicios públicos de calidad y un estado que responda a las distintas sensibilidades nacionales que lo componen. ¿Es esa parte de la ciudadanía, que quiere ese cambio social, suficiente? Parece que aún no, y seguirá así a menos que sumemos, a menos que entremos en un proceso donde por una parte le arrebatemos votos a la abstención, se recoloquen en la izquierda esos votos procedentes de  la clase trabajadora que van a parar a la derecha y consigamos que o bien el PSOE de un giro radical a la izquierda o que una parte sustancial de su electorado termine por abandonarlo, en tanto las opciones de un cambio social y político en el sentido que pretendemos no son más que un deseo. ¿Cuál es pues la alternativa? A la vista de lo expuesto yo diría que lo que necesita este país y sobre todo las generaciones futuras es un PROCESO DE CONVERGENCIA SOCIAL Y POLÍTICA y si “Estamos hablando de una estrategia de pedagogía política a largo plazo que cale, empape y, en definitiva, impulse a la sociedad y a los individuos hacia un modelo social más justo”. *
Si se dan las condiciones para una “convergencia electoral” como nunca hasta ahora se habían dado, por qué quedarnos a mitad del camino, por qué no avanzar hacia esa CONVERGENCIA SOCIAL Y POLÍTICA que minimice la abstención y le de significado y sentido al voto empoderando a la población en la política, aquí si merece la pena arriesgar, aquí si merece la pena innovar y no pecar de inmovilismo. El hartazgo de la población, el cuestionamiento del sistema que se ha hecho y se hace desde todas las manifestaciones, movilizaciones, mareas, etc., es un factor que juega a nuestro favor. Por qué no poner en marcha un proceso abierto, ilusionante, rupturista, participativo, empoderador y constructivo. Por qué renunciar a comenzar a diseñar entre todos la sociedad que queremos para nosotros/as, nuestros hijos y nietos. Por qué darnos por vencidos sin antes haber ofrecido batalla.
Tenemos que pensar con perspectiva de futuro o habrá alguien que nos lo diseñe, ya han comenzado, sin contar con nosotros.
José Molina Ramírez.


*Tomado de Oriol Prunés. “Por la convergencia” 03/09/2014.

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