Convergencia
electoral o convergencia social y política.
No se trata de discutir si
galgos o podencos, aquí y ahora nos estamos jugando algo más que decidir cuál
es la estrategia política que conviene ya que lo que está en juego no es sólo
ocupar un concejalía más o menos o un escaño más o menos, lo que está en juego
es el futuro, un futuro marcado por la marginación permanente de una parte de
la sociedad que pasará a convertirse en paro estructural, de dos a tres
millones de personas o más, con unos servicios públicos cada vez más degradados
y cercanos a la beneficencia y unos sueldos, que ya lo son, de los más bajos de
Europa o unas pensiones ridículas que van a obligar a la gente a no poder jubilarse nunca o a contratar un plan
de pensiones privado si es que le alcanza para ello.
Las condiciones para una CONVERGENCIA
ELECTORAL, la configuración de listas y candidaturas con mayor o menor
implicación de la gente, con mayor o menor participación, siempre han estado
ahí, en Canarias este tipo de convergencia ha fraguado en coaliciones o
plataformas electorales de más bien corto recorrido, por ejemplo el caso de
“Canarias verde y roja”.
El esfuerzo a realizar hoy
para esta “convergencia electoral” es el de siempre aunque ahora se dan un
cúmulo de circunstancias que la favorecen
y que explican el deseo de la gente de que se produzca e incluso el deseo de
participar activamente.
Se puede decir que el
trabajo está casi hecho, el cansancio por la corrupción, el bipartidismo, la
inseguridad creada por las políticas de los gobiernos, los recortes, etc., el
descrédito de determinados partidos sumergidos hasta las cejas en escándalos de
corrupción que han contaminado la imagen del conjunto de las formaciones
políticas y la aparición de una formación política, Podemos, que de la nada se
ha colocado en posiciones preferentes en las encuestas con un mensaje que
recoge gran parte del descrédito, merecido o no, de las formaciones y partidos
del ámbito parlamentario y con una terminología pegadiza, el término “casta” ha
hecho historia, una organización, por lo pronto, asamblearia muy cercana a los
deseos de la gente de hacerse oír han creado el caldo de cultivo para la
proliferación de plataformas estilo Guayem que son la plasmación de la “convergencia
electoral” en este contexto.
Cabría plantearse algunas
preguntas
¿Es suficiente una “convergencia
electoral” cómo estrategia para cambiar la situación?
A todas luces no, la suma
matemática de la izquierda no representa un porcentaje suficiente como para que
ese cambio pudiera producirse, persiste una bolsa de abstención enorme y sigue derivándose
una parte del posible voto de izquierda, por su encaje en la estructura social,
a partidos del sistema. Y lo que es más grave cuánto duraría esa convergencia
electoral, esa suma de siglas/personas/ movimientos/…sin implosionar por
efectos de sus propias rivalidades y contradicciones al no tener detrás una
población estructurada y comprometida más allá del proceso electoral que le
sirva de sostén a la vez que de guía y
en último extremo de juez y jurado capaz
de corregir y atajar cualquier comportamiento o decisión que no se ajuste a los
compromisos adquiridos.
¿Queremos cambiar la
situación, queremos cambiar la sociedad?
Una parte de la población
parece que si, las encuestas, las protestas así lo indican. Queremos una
economía y una política al servicio de los ciudadanos, unos servicios públicos
de calidad y un estado que responda a las distintas sensibilidades nacionales
que lo componen. ¿Es esa parte de la ciudadanía, que quiere ese cambio social,
suficiente? Parece que aún no, y seguirá así a menos que sumemos, a menos que
entremos en un proceso donde por una parte le arrebatemos votos a la
abstención, se recoloquen en la izquierda esos votos procedentes de la clase trabajadora que van a parar a la
derecha y consigamos que o bien el PSOE de un giro radical a la izquierda o que
una parte sustancial de su electorado termine por abandonarlo, en tanto las
opciones de un cambio social y político en el sentido que pretendemos no son más
que un deseo. ¿Cuál es pues la alternativa? A la vista de lo expuesto yo diría
que lo que necesita este país y sobre todo las generaciones futuras es un
PROCESO DE CONVERGENCIA SOCIAL Y POLÍTICA y si “Estamos hablando de una
estrategia de pedagogía política a largo plazo que cale, empape y, en
definitiva, impulse a la sociedad y a los individuos hacia un modelo social más
justo”. *
Si se dan las condiciones
para una “convergencia electoral” como nunca hasta ahora se habían dado, por
qué quedarnos a mitad del camino, por qué no avanzar hacia esa CONVERGENCIA
SOCIAL Y POLÍTICA que minimice la abstención y le de significado y sentido al
voto empoderando a la población en la política, aquí si merece la pena
arriesgar, aquí si merece la pena innovar y no pecar de inmovilismo. El
hartazgo de la población, el cuestionamiento del sistema que se ha hecho y se
hace desde todas las manifestaciones, movilizaciones, mareas, etc., es un
factor que juega a nuestro favor. Por qué no poner en marcha un proceso
abierto, ilusionante, rupturista, participativo, empoderador y constructivo.
Por qué renunciar a comenzar a diseñar entre todos la sociedad que queremos
para nosotros/as, nuestros hijos y nietos. Por qué darnos por vencidos sin
antes haber ofrecido batalla.
Tenemos que pensar con
perspectiva de futuro o habrá alguien que nos lo diseñe, ya han comenzado, sin
contar con nosotros.
José Molina Ramírez.
*Tomado de Oriol Prunés. “Por la convergencia” 03/09/2014.
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